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Dicen que la Historia se repite. Que los seres humanos estamos condenados a cometer los mismos errores del pasado.

 

Sea cierta esta afirmación o no, la realidad es que no nos cansamos de recordar algunos de los episodios históricos más importantes de la Humanidad que, por unos motivos u otros, hemos grabado en nuestra retina… Pero, confesémoslo, de muchos de ellos tenemos conocimiento a través de las películas o las series de televisión, no por haberlos estudiado exhaustivamente en el instituto.

 

Coincidiendo con el estreno de la última producción de Frank Spotnitz, ‘Los Médici, señores de Florencia’, (disponible en Movistar Series), nos hemos parado a pensar en el papel que este tipo de ficciones desempeñan en el imaginario colectivo. Ahora podemos revivir el reinado de Isabel la Católica como si hubiésemos estado presentes. Hemos ensalzado a soldados que regresaban de la guerra (‘Poldark’), o descubierto los entresijos de algunas de las familias más poderosas de Europa (¿qué me decís de ‘Los Borgia’?). ¿Pero hasta qué punto todo lo que nos cuentan está bien contextualizado en su época?

 

La Historia la escriben los vencedores, eso lo tenemos claro. Y lo mismo ocurre dentro de la ficción, ya sea en series, películas o libros. La objetividad parece una tarea ardua a la hora de tomar partido o empatizar con determinado personaje conocido. Lo que nos lleva a plantearnos la siguiente cuestión: ¿es bueno seguir una serie catalogada como “histórica”?

 

Actualmente estamos asistiendo a un “boom” de ficciones en esta categoría, quizás contribuyendo de manera más que notoria al crecimiento de esa “burbuja seriéfila” que no sabemos si estallará algún día. Pero mientras tanto, podemos seguir disfrutando ¿y aprendiendo? con todas las producciones que nacen cada año y que llevan esta “etiqueta”.

 

Podríamos poner algunos ejemplos: ‘Roma’, ‘Los Tudor’, ‘Los pilares de la Tierra’, ‘Victoria’… Fácilmente nos movemos en el tiempo de una época a otra. Pero todas estas ficciones coinciden en un punto concreto: aseguran llevar bajo su producción un exhaustivo trabajo de documentación que las hacen merecedoras de formar parte de ese selecto club. ¿Pero hasta qué punto son fiables?

 

Admitámoslo: nos es más sencillo aprender a través de una serie de televisión. Y más si la historia está “novelada”. ¿Quién no sueña con ir a Escocia tras haber sido testigo de esa épica historia de amor y guerra de ‘Outlander’? Pero entonces… ¿podemos decir que las series cumplen una función didáctica, de aprendizaje? ¿Pondríamos un episodio de ‘Hermanos de sangre’ u otro de ‘Cuéntame cómo pasó’ para hacer que los alumnos aprendieran sobre la Segunda Guerra Mundial, o la España del siglo XX?

 

Lo que sí es cierto es el interés que este tipo de ficción genera en el espectador. Es más, una vez concluida una serie, es más fácil que persista en él la idea de seguir conociendo más sobre ese personaje o esa época determinada en que se ambientaba “su” serie. Gracias a ‘Hijos del Tercer Reich’, no solo nos hemos quedado con la “versión oficial” de la Alemania nazi. También hemos visto cómo afectó a las vidas de un grupo de amigos que vivían en el Berlín de aquellos años. Y lo mismo ocurre con otras culturas quizás más ajenas. Hablamos de ‘Vikingos’ o de ‘Deadwood’, por citar algunos títulos.

 

Por lo tanto, podemos respaldar la idea de la contribución positiva que las series históricas aportan a la sociedad, aunque a veces no sean un reflejo exacto de lo acontecido en la realidad. Claro que hay que tener mucho cuidado con los detalles, pues son caldo de cultivo de todo tipo de anacronismos. ¿Quién no recuerda ese gran gazapo en ‘Downton Abbey’ con la famosa botella de agua? ¿O los tres tomos del Diccionario de Inglés de Oxford que tiene Lane en esa obra maestra que es ‘Mad Men’ y que no se publicaron hasta 1987?

 

Jugar con la Historia. Cambiarla, incluso. Es el caso de ‘Timeless’, donde los viajes en el tiempo se convierten en una constante y que da pie a innumerables debates en los que la pregunta es recurrente: ¿a qué momento histórico te gustaría viajar? El Nueva York de los años 20; la grandiosidad del Imperio Romano; la época de entreguerras o el Madrid de “la Movida” son algunas de las opciones más solicitadas, pero en todas ellas, la Historia es la protagonista. Una historia que puede ser modificada, sí. Pero en tu mano queda el averiguar cuánto de cierto hay en cada una de las ficciones que consumimos. Al fin y al cabo, ésta debería complementar a unos estudios y una documentación consultada en otras fuentes. Y aquí la pregunta final. Qué es mejor, ¿conocer, aunque sea de soslayo, o desconocer un episodio fascinante de la Humanidad por miedo a no ser cien por cien verídico? En tus manos queda posicionarte. Por lo pronto, yo me voy al Festival de Series de 2017 a ver qué se estrena…

 

Amaya Murga

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